Tuesday, April 21, 2020

Antología de la vida


Antología de la vida


SXM, jueves 2 de abril de 2020
Encontrar el sentido a la vida es el objetivo de vivir, porque aunque viva por inercia durante gran parte de mi experimento vivencial, llegó el momento en que comienzo a buscar un sentido que dé significado a mi vida.
Quizá sea por la creencia de que todo está próximo a terminar, ya que mi cuerpo se ha ido deteriorando y ha perdido ciertas capacidades, esa falta de capacidad me lleva a emprender otras búsquedas, por ejemplo, intentar conocer mejor el cerebro, descubrir las metáforas que están siempre inmersas dentro de este experimento.
Asumo, por tanto, mi relación con el todo, ese todo que creo es Dios y del cual también yo formo parte. Entonces me da por imaginar que estando Dios ocioso, y meditando como lo hago yo a veces, se pregunto ¿Por qué no crear algo que pudiera divertir mi ocio? Pero, que tengo para crear lo que deseo, buscó a su alrededor y no había nada, solo existía él, Dios. Entonces tomó un pedazo de sí mismo y comenzó a crear el universo. Quizá sea por eso que las sagradas escrituras hablan de haber creado a su imagen y semejanza. No solo al hombre sino al universo entero, el hombre es solo una pequeña parte de ese universo, tal vez la parte conciente, porque es capaz de hacerse preguntas, e intentar responderlas,  pero contiene en sí mismo la esencia de Dios, al igual que todas las cosas la poseen. Es lo que podría llamar una ontología de Dios.
Nosotros, como el resto del reino animal fuimos dotados de sentidos, o de una especie de habilidades que nosotros los humanos llamamos sentidos, y que en otras especies se han desarrollado más o menos. Igual que ciertas especies nosotros también desarrollamos destrezas con nuestros sentidos, pero dependiendo de la capacidad que pudiésemos tener desde jóvenes, debido a la educación desarrollada, esas capacidades sensoriales pudieran ser más o menos en cada individuo.  
Cuando somos capaces de entender una música, pero no porque tengamos las palabras para describirla, más bien por tener la sensación que la música da a nuestro sentido, incidiendo en nuestro cerebro de una forma tal que lo lleve a impartir una orden a una glándula para que produzca una hormona que generará la química apropiada para que nuestro organismo tenga una sensación determinada. O cuando vemos al mar que viene una y otra vez, y se encuentra con la arena, esa que una vez fue roca y el mar con su constancia de golpearla una y otra y otra vez, la transformó en esa arena en la que él viene frecuentemente a demostrar su estado de ánimo, y así lo hará una y otra vez. A lo mejor es por eso que yo me retiro a veces para luego regresar, aunque no siempre con el mismo ánimo.
Fue así pues que pienso yo, que se creó el universo, con elementos de Dios, que los mezcló y los mezcló, y de esa forma formo a todito el universo. A mi madre la creo y a la madre de mi padre, unió a mi madre y mi padre, e hizo mi concepción, ellos intentaban, hacer a Dios de su unión, quizás ni lo imaginaban, más lo hacían por instinto, el instinto de la unión que existe en el universo, aunque cada cual girando en órbitas diferentes. Será por este orbitar que a veces los hermanos a pesar de serlo, tenemos distintos caminos, pero siempre todos vamos rumbo al mismo destino.
Quizás la muerte nos una, de nuevo en un mismo Dios, ninguno seremos aparte, como lo fuimos en vida, ahora todos mezclados como era en un principio cuando Dios creó la vida y también creo la muerte, para recuperar su esencia, la que uso en la creación.
Pero por qué ese miedo a la muerte. A lo mejor porque la imaginamos con el cese de nuestras acciones en la tierra, acciones que por demás nos parecen muy importantes, y es esa importancia que creemos que tienen nuestras acciones lo que nos genera ese miedo a la muerte. Pero la muerte es evento sin precedentes, asumimos morir como el término de una actividad importante de nuestra vida. Quizás el hecho de habernos acostumbrado a vivir y tener una rutina que cumplimos cada día, nos hace sentir mucha aprensión por la muerte. Pero la muerte también significa el final, pero no solo de las cosas que consideramos buenas, sino también de aquellas que no lo son tanto. Para muchas personas afligidas por los dolores e incomodidades de una enfermedad, la muerte es un aliciente a todo esto.
Para nosotros aquellos que habitamos en el mundo industrializado, el ocio es visto como algo inconveniente, por lo tanto algo malo. Pero más que nada porque al igual que el resto del reino animal, tendemos a la satisfacción de las necesidades corporales, sobre todo aquellas que tienen que ver con la ingesta de alimentos y el sexo, las otras necesidades pudiesen llamarse secundarias. Para todo el reino animal es igual, comer aparearse y descansar, para luego comenzar de nuevo el ciclo una vez más. El asunto es que en nuestra sociedad industrializada, para lograr esos objetivos, alimentarse y aparearse es necesario producir de alguna manera para obtener los términos de intercambio que podremos usar en el mercado, es decir, el dinero. Como igual que los otros animales dedican mucho tiempo a satisfacer estos impulsos, debemos por tanto dedicar mucho tiempo al trabajo y la obtención de bienes de capital que nos permitan satisfacer una necesidad que se nos torna insaciable. Nunca tenemos lo suficiente para retirarnos, es siempre necesario más. Al parecer los seres vivos somos unos seres insaciables. Este sentido de insatisfacción lo vamos a tener en todas las cosas que nos hacen sentir bien de una u otra forma. De la misma forma que la vaca siempre estará pastando y pastando y solo teniendo un momento de descanso cuando el agotamiento le pide al cuerpo que detenga por algún tiempo se ímpetu alimenticio para iniciar el descanso que permitirá recuperar las energías para volver a la rutina alimenticia o de apareamiento.
El cerebro tiende así a buscar su comodidad, por lo que establecer patrones rutinarios es algo cómodo, en comparación con lo que pudiera ser el hecho de hacer algo nuevo cada día, que implicaría un aprendizaje nuevo cada vez. Es por esto que los momentos de ocio el cerebro los toma como momentos inconvenientes, y para el ser humano desacostumbrado a tales momentos, como algo fastidioso y de cierta forma agotador. Pero lo que olvidamos es que cuando fuimos muy jóvenes, tal vez niños, esos ratos de ocio eran muy recurrentes en nuestra vida, y eran esos momentos los que alimentaban nuestra creatividad. Para esos momentos nuestro cerebro acostumbrado a ellos, siempre buscaba una respuesta creativa que hacía de esos momentos algo normal y realmente importante para nosotros. Luego vinieron otros momentos, que fueron los de asistir al colegio e interactuar con otros niños iguales a nosotros. Poco a poco esos momentos de ocio fueron siendo suplantados por situaciones de conocimiento y práctica de los mismos. Ya teníamos la capacidad de comunicarnos mejor con los adultos, manejábamos una gran cantidad de sonidos a los cuales les conocíamos su significado, por lo que la comunicación con los adultos se nos hizo más sencilla. Más, sin embargo, llega un momento de quiebre, los adultos saben muchas cosas que nosotros niños ignoramos de su mundo, pero ellos en su mayoría son ignorantes del proceso que tiene el cerebro humano para aprender ciertas destrezas, o asimilar nuevos conocimientos. Ellos, los adultos no saben porque aprenden, y al no saberlo, asumen que los niños deben hacerlo a la fuerza o sometiéndolos a ciertos grados de suplicio que los obligará a aprender algo en lugar de pasar por el momento doloroso, comienza, por así llamarlo una época de chantaje, haces esto si deseas obtener esto. En lugar de buscar la forma más beneficiosa de enseñanza que genere en el niño un interés por aquello que le enseñan.
Ese método de represión y chantaje tuvo éxito en muchos casos, porque logro hacer que los participantes sintiesen temor a recibir la represión, o incitados a ver el chantaje como un premio a su dedicación, al mismo tiempo que generaban en el resto del estudiantado la idea de la competencia, creando sin darse cuenta tanto alumnos sumamente diestros en la solución de algún tipo de problemas, como seres acomplejados por su falta de destreza en la solución de los mismos problemas.       


     

Pakuneando en Cuarentena


He llegado a un mundo que está dominado por la lógica y el tiempo. Descubrimientos científicos han descubierto que tanto la lógica como el tiempo son tareas del hemisferio izquierdo del cerebro, sin embargo, aunque existe un gran número de personas que dominan esta parte del cerebro de una forma natural, también los hay que su mayor dominio es el de la parte derecha, donde la lógica no es lo preponderante.  Más aún se han llegado a descubrimientos en que no solo esas dos zonas cerebrales son las importantes en el manejo humano de estímulos y respuestas, sino que existe otra zona cerebral, que al igual que las otras son usadas por el humano para respuestas a sus estímulos. Por lo tanto existen una multitud de elementos que influyen de forma decisiva en el comportamiento humano, pero lo que tiene preponderancia es la forma lógica de pensar, por lo tanto es quién comanda las acciones en este extraño mundo en que vivimos.
Esta forma de pensar u ordenar los pensamientos, nos hace ser muy predecibles y es por eso que pudiera decir que somos profundamente manipulables. De la misma forma en que Iván Pávlov, el científico ruso que descubrió el reflejo condicional haciendo pruebas con perros, por este descubrimiento se llegó a la conclusión que nosotros los humanos al igual que los perros de Iván Pávlov somos igualmente condicionados si se nos generan estímulos que nos conduzcan a eso.
Lo peor de todo es que aunque pudiera estar consciente de este hecho, continúo dejándome estimular por estímulos creados para tal fin. Creo que lo que sucede es que mi cerebro establece patrones de conducta a los cuales yo obedezco. En algún momento mi cerebro me indica que estoy sumido en una rutina, que por el mismo hecho de serlo ya no genera la respuesta placentera que al principio. Porque esas nuevas actividades generan en nosotros un comportamiento un tanto sorpresivo que la novedad tiende a dar a todos esas nuevas actividades, pero que con el tiempo se pueden convertir en rutinarias y aburridas. Para evitar ese aburrimiento se estableció el premio por la labor cumplida, este premio degeneró en una cadena de acontecimientos que generan al final el estímulo deseado. El Sistema capitalista funciona en ese sentido, lo primero que hace es generar en el individuo la necesidad de algo, y esto lo logra reprimiendo de alguna manera el libre comportamiento del humano y creando una cadena de compensaciones que hacen que esa persona, influenciada por lógica tenga un comportamiento de acuerdo al que se desea. Por ejemplo, establezco una propaganda mediante la cual usar determinada marca de automóvil, genera mayor confort en la persona que lo posee. Pero para adquirir ese automóvil es necesario desembolsar una fuerte cantidad de dinero. Yo veo siempre esa propaganda por la televisión y la escucho por la radio y por el internet, tengo todos los accesos de información bloqueados por esta propaganda, mi cerebro como el de muchas otras personas, está sometido a esto que ha comenzado a considerar como una necesidad. Mi ser se debate en la imperiosa necesidad de poseer ese automóvil. La forma natural y legal para obtener el dinero para comprar aquello, es mediante el trabajo, estoy como dicen los comunistas, alienado, es decir sometido a una necesidad de algo que realmente no necesito para vivir. Entonces para obtener el dinero debo, trabajar, robar, comercializar, es decir: comprar y vender algo, claro especulando con la venta de aquello, estudiar para tener mejor opción en el mercado de trabajo. Todo ello para comprar el carro que me han dibujado como el auto mis sueños, pero que en realidad ha sido un sueño creado por la publicidad a la que estoy sometido.
Pero la cosa no queda allí, al estar todos sometidos a los mismos estímulos publicitarios, porque todos tenemos un aparato de televisión, o tenemos acceso a internet o tenemos un teléfono celular, bastante vulnerado en estos días por la publicidad, entonces estamos inmersos en una aldea global influenciada por los mismos patrones publicitarios. Esto genera en la población una competencia por la posesión de aquello que la publicidad anuncia como maravilloso, además está el mundo del celuloide donde las grades estrellas del cine alientan también al uso de cualquiera de estos objetos propuestos como necesarios por la publicidad. Todo esto generará en nosotros una actitud de complacencia y una especie de complejo de superioridad o inferioridad bien sea el caso de tener o carecer del objeto de nuestros sueños, lo que nos somete al asunto de las apariencias. Mediante las cuales, tenemos la sensación de estar bien o mal de acuerdo  a como nos vean otras personas. Por lo tanto dejamos de tener una opinión propia, si no que ella será la que establezca el entorno. Y bajo esos parámetros tenderemos a tener un comportamiento influenciado por la opinión ajena y no fundado en nuestras propias percepciones.
La imagen que nos devuelve el espejo no significa nada para nosotros, es la opinión que otros tengan de nosotros lo que realmente tiene valor. Porque vivimos en una aldea global donde la opinión de todos tiene un valor relativo, que en ocasiones se transforma en absoluto. Porque, por ejemplo, si yo sometiera todo este artículo a una valoración pública, no creo que sería valorado particularmente asertivo, ya que en principio cuestiona ciertos elementos del sistema de mercado, y segundo, al estar todos inmersos en conductas similares, generaría un sentimiento de pérdida del tiempo vivencial. Además de que nos parecería tarde para hacer un cambio drástico en nuestro comportamiento, por lo que lo mejor y más sano es dejar de lado todo esto y seguir adelante con la vida. Aunque siempre habrá la suspicacia que genera cualquier conocimiento de pensar si es cierto o falso algo. Otra cuestión es el hecho de reconocer que hemos estado educando a nuestros hijos con estos mismos patrones de conducta, y ellos son también víctimas de las manipulaciones del mercado.
El mercado nos vende todos nuestros modelos de consumo, y estamos atrapados allí sin escapatoria. ¿Hasta cuándo? Hasta tanto llegue una época en nuestra vida que logremos la conciencia de haber sido elementos manipulados, y tener la certeza que todo o casi todo lo que hemos querido ser, no son sino sueños que el mercado creo para nosotros, que la verdadera forma de escapar de todo ese pan demonio es con la muerte.
Pero el mercado no desea que escapemos de él, por lo que nos propone la muerte como una pérdida más que como una ganancia. Todo lo que soy y todo lo que pretendo ser es solo para aparecer ante otras personas como alguien valioso, porque mi ego es una fundación del propio mercado. El mercado es el Dios de la tierra creado por los humanos. Todos vivimos a merced de él, y la gran mayoría muere sin imaginar siquiera que fue un simple objeto manipulado por las cuerdas invisibles del mercado.
Que somos nosotros, solo pensamientos recurrentes que acuden a nuestra mente como ideas de ensoñaciones fatuas, que nos hacen pensar en paraísos perdidos, o en situaciones ideales. Sin embargo, la situación perfecta es aquella en que nuestros sentidos están en un reposo total, donde la fuerzas del pensamiento no sean obligadas a crear situaciones de ensueño. Visto desde el punto de vista de la anulación de la totalidad del pensamiento como situación ideal, la muerte física sería la consecución de ese momento ideal.  
    
  

Monday, April 06, 2020

La Cueva de los Sueños Olvidados Hd / Sub Español -Werner Herzog


Relativo a la fe

¿En realidad es importante tener fe? Claro, vivimos un mundo particularmente dominado por las elucubraciones cerebrales, por lo que la creencia forma parte importante de la vida de un humano. Cuando uno decide hacer algo es porque está convencido que es eso lo que debe hacer, es decir tiene toda la fe de que aquello es así. De la misma manera las personas asumen la existencia de un ente superior y a él encomiendan su espíritu, el cual piensan o pensamos es eterno, pero para hacer esto es necesario tener la fe suficiente para creerlo y creer que al morir de alguna forma misteriosa uno se reunirá en un lugar para vivir eternamente. O mejor aún, descarto la muerte como un evento que realmente  me pudiera ocurrir. La fe me hace pensar que simplemente despertare de un sueño más, al igual que he despertado tantas veces.
Una vez que el humano comienza a pensar, ya ese proceso jamás se detendrá,  la máquina que genera el pensamiento ya jamás se detendrá. Es imposible creer que pudiera finalizar en algún momento. Vivimos en un constante proceso imaginativo que impulsa nuestra acción hacia el futuro, creemos en un destino, que suponemos estamos fabricando ahora, todos estamos convencidos de eso, tenemos la vista fija en el futuro, porque el presente es tan volátil que su estadía solo lo podemos medir por el espacio en el que permanecemos, es eso en realidad lo que determina el tiempo. Cuando nuestra capacidad de movernos aumenta, entonces asumimos que el tiempo cambia y avanzan las horas, porque el espacio ha cambiado. Sin embargo, aunque no tengamos la capacidad de percibir nuestros movimientos, y asumamos el estar estacionados, en realidad, no lo estamos. El planeta no ha dejado de moverse, el futuro se hace realidad aunque no lo percibamos.
Pudiera imaginar el pensamiento como una función eléctrica que interactúa en un medio donde sus ondas son recibidas por el objeto al que fueron destinadas, porque ese medio donde actúa posibilita esa conexión, pero es necesario tener fe para lograr lo que se pueda proponer.
He tenido la oportunidad de conocer personas con una confianza tan grande en su fe, que he sido testigo de sus logros, que en ocasiones han sido también los míos. Es posible que la capacidad de interacción que tengamos con el resto del universo sea infinita, pero lo desconocemos, y por ello somos incapaces de usar de forma efectiva ese mecanismo que tenemos, pero que no sabemos usar. A veces por cuestiones circunstanciales usamos ese poder sin saberlo y obtenemos resultados que a menudo lo asumimos como cuestiones del azar.
No soy científico por no poseer un título para decir que lo soy, pero tengo el convencimiento de que existe una sustancia en la que todos estamos inmersos, algo así como el aire, que sirve como conductor de esos impulsos de confianza en nuestros pensamientos con un objetivo específico, el cual será evidente cuando esa confianza sea lo suficientemente grande para lograr ese propósito.
La fe en un Dios después de la muerte sucede de la misma manera, te centras en un pensamiento que será el que tendrás una vez tus funciones biológicas dejen de funcionar. No importa que deidad sea la de tu preferencia, si tienes fe en que ella te rescatará del abismo que para muchos significaría la muerte, entonces lo hará. Si tu fe es tal que piensas que por pecados muy grandes cometidos tendrás que ser sometido a castigo entonces también lo tendrás. Los premios o los castigos están en la mente de cada cual. Cada persona tendrá lo que crea ella misma que le corresponda. 
El proceso vital es un experimento particular de cada ser, y cada quién como responsable de su propio experimento se convierte en el científico experimentador de sus propia vida. Cada persona tiene la libertad de crear sus propios demonios o dioses, de gozar o sufrir lo que desee.

Por lo tanto La Fe es una de las herramientas más útiles que poseemos, pero que por ignorancia desconocemos su existencia y o la forma apropiada de usarla.
  







Relativo a la fe


Relativo a la fe

¿En realidad es importante tener fe? Claro, vivimos un mundo particularmente dominado por las elucubraciones cerebrales, por lo que la creencia forma parte importante de la vida de un humano. Cuando uno decide hacer algo es porque está convencido que es eso lo que debe hacer, es decir tiene toda la fe de que aquello es así. De la misma manera las personas asumen la existencia de un ente superior y a él encomiendan su espíritu, el cual piensan o pensamos es eterno, pero para hacer esto es necesario tener la fe suficiente para creerlo y creer que al morir de alguna forma misteriosa uno se reunirá en un lugar para vivir eternamente. O mejor aún, descarto la muerte como un evento que realmente  me pudiera ocurrir. La fe me hace pensar que simplemente despertare de un sueño más, al igual que he despertado tantas veces.
Una vez que el humano comienza a pensar, ya ese proceso jamás se detendrá,  la máquina que genera el pensamiento ya jamás se detendrá. Es imposible creer que pudiera finalizar en algún momento. Vivimos en un constante proceso imaginativo que impulsa nuestra acción hacia el futuro, creemos en un destino, que suponemos estamos fabricando ahora, todos estamos convencidos de eso, tenemos la vista fija en el futuro, porque el presente es tan volátil que su estadía solo lo podemos medir por el espacio en el que permanecemos, es eso en realidad lo que determina el tiempo. Cuando nuestra capacidad de movernos aumenta, entonces asumimos que el tiempo cambia y avanzan las horas, porque el espacio ha cambiado. Sin embargo, aunque no tengamos la capacidad de percibir nuestros movimientos, y asumamos el estar estacionados, en realidad, no lo estamos. El planeta no ha dejado de moverse, el futuro se hace realidad aunque no lo percibamos.
Pudiera imaginar el pensamiento como una función eléctrica que interactúa en un medio donde sus ondas son recibidas por el objeto al que fueron destinadas, porque ese medio donde actúa posibilita esa conexión, pero es necesario tener fe para lograr lo que se pueda proponer.
He tenido la oportunidad de conocer personas con una confianza tan grande en su fe, que he sido testigo de sus logros, que en ocasiones han sido también los míos. Es posible que la capacidad de interacción que tengamos con el resto del universo sea infinita, pero lo desconocemos, y por ello somos incapaces de usar de forma efectiva ese mecanismo que tenemos, pero que no sabemos usar. A veces por cuestiones circunstanciales usamos ese poder sin saberlo y obtenemos resultados que a menudo lo asumimos como cuestiones del azar.
No soy científico por no poseer un título para decir que lo soy, pero tengo el convencimiento de que existe una sustancia en la que todos estamos inmersos, algo así como el aire, que sirve como conductor de esos impulsos de confianza en nuestros pensamientos con un objetivo específico, el cual será evidente cuando esa confianza sea lo suficientemente grande para lograr ese propósito.
La fe en un Dios después de la muerte sucede de la misma manera, te centras en un pensamiento que será el que tendrás una vez tus funciones biológicas dejen de funcionar. No importa que deidad sea la de tu preferencia, si tienes fe en que ella te rescatará del abismo que para muchos significaría la muerte, entonces lo hará. Si tu fe es tal que piensas que por pecados muy grandes cometidos tendrás que ser sometido a castigo entonces también lo tendrás. Los premios o los castigos están en la mente de cada cual. Cada persona tendrá lo que crea ella misma que le corresponda.