Pudiera decir que los seres humanos somos unos híbridos conformados por mente y cuerpo, donde la mente rige todas las funciones que el cuerpo ejecuta, por lo que deberíamos tener mayor atención a las cuestiones mentales que a las corporales. Sin embargo, al ser el hombre un animal social, y depender en gran medida de la sociedad a la que pueda pertenecer, no es la mente precisamente lo que se visualiza ante la sociedad, es el cuerpo, como representación de la mente, entonces tendemos a preocuparnos más por la forma como pudiera verse el cuerpo, y con esta costumbre, asociamos más las cuestiones corporales que las mentales. El común de las personas lo hacen de este modo, sin embargo, los estudiosos de la materia que saben la realidad de nuestro funcionamiento como individuos, han estudiado en detalle como funcionamos y cuales son las circunstancias que nos hacen actuar, ese estudio hace de estas personas unas manipuladoras del individuo humano, generando en las sociedades humanas ciertas tendencias dentro de las cuales estamos inmersos, sin posibles posibilidades de salir, por que es imposible decir a millones de personas que mantienen unas creencias, que sus creencias son falsas y que solo son manipulación de los gobiernos para mantener atrapado al individuo en esto que tendemos a llamar vida.
Se nos ha hecho creer que lo que nos da real felicidad es el consumo, porque al ser nosotros animales sujetos a ciertos instintos al igual que otros animales, pero que con la educación social aprendemos a reprimir, para luego mediante la compra de cualquier artificio que supone el disfrute de dar rienda suelta a aquel instinto, de una manera supuestamente mejor que si lo hiciéramos de forma habitual, eso generará un goce tan grande que no tendríamos manera de expresarlo. En realidad la vida es un experimento particular de cada cual, en el que descubre cuestiones ocultas que pueden generar bienestar, pero eso es solo momentaneo, luego cuando el goce pasa es igual que el orgasmo, de momento no deseas tener otro, por que de hacerlo con la frecuencia con la que, por ejemplo, comes, se volveria igualmente rutinario y por demás fastidioso.
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