La luna le dijo al sol, que se fuera de una vez, para que al venir la noche ella poder florecer, junto a cuarenta luceros que con ella están también.
Pasa la noche consciente que su oscuridad es bien poca, porque allí una luna hermosa alumbra su proceder, y entorno están los luceros que acompañándola van, entre destello y destello alumbraron la venida del nacimiento de Dios. Y hasta los Reyes Magos que por ellos se guiaron para encontrar el pesebre donde había nacido Dios.
El Sol le dijo a la Luna, ahora me tocará a mí hacer un día feliz también de este lado del planeta, que despierten los profetas y anuncien un nuevo día, que llenen de melodías y sonidos agradables que se levante Dios padre y nos de su bendición. ¿Y cómo se levantará? Si hace poco que ha nacido, espera que haya crecido pa que pueda trabajar.
Sin embargo, los canarios, ruiseñores y otras aves, entonaron los cantares que anunciaban que amanece, el gallo cantó cien veces, y levanto a las gallinas, las bandas de golondrinas salieron volando juntas, contentas con la noticia de que ya había amanecido. El Sol todo complacido contento con su deber, se dispuso a establecer un bello y brillante día.
Las plantas que lo observaban desde su inmóvil estela, creían que, en esta escuela, de buen día y alborozo, algo tendrían que brindar para ellas bien festejar este día tan animoso. Dieron orden a las hojas para que con su clorofila enverdecieran sus pieles y crearan una cortina de verdor en el lugar. A las flores mientras tanto, sobre todo las cayenas, se marchitaron temprano para hacer una bebida que todos se tomarían con un brindis con el Sol.
Pero en pleno mediodía el Sol estaba caliente, parecía indiferente al calor que yo sentía. La lluvia que me veía escondida tras las nubes, pensó para sus adentros, aliviare ese tormento que tiene ese ser humano. Y me mandó un chaparrón para enfriar la cuestión que el sol había calentado.
Le di gracias a la Lluvia por su loable intención, más le dije que detuviera, porque de seguir lloviendo crearía inundación.
A todas estas el Sol, me decía presuroso: el que este caliente el tiempo no es por mi culpa mi amigo, al parecer tus vecinos abusaron a montón de inventos de solución que mataba los mosquitos, y dañaron la cobija que de mi los protegía, esa la capa de ozono ha sido tan desgastada por ignorancia humana, sin importarles la vida, de esas las otras especies que conviven en la tierra.
Tampoco eso es para tanto, dijo la Lluvia enojada, con solo esa lloviznita me parece exagerado lo que dice ese señor, parece ser que el amigo se siente un poco mojado, entonces que venga el Sol pa que lo seque enseguida, pero después que no diga, que se siente muy caliente, me parece inteligente tener la boca cerrada, solo abrirla en el momento de emitir la carcajada que elimina el malestar.
Todo es exageración, dijo esta vez una estrella, uno no puede hacer nada, pues todo parece malo, pero la naturaleza que es quien nos gobierna aquí, nos dejó las directrices como deben ser las cosas, aunque los seres humanos que aquí ellos se creen dioses, siempre están con sus reproches de lo que todos hacemos. Los únicos aceptables son los benditos Poetas, que buscan todo lo hermoso que sucede en el planeta.
El problema siempre está, en esos seres sifrinos, los llamados citadinos, que no entienden nada bien, porque viven alejados de la real naturaleza, no conocen la belleza, creen que conocen a Dios. Pero al Dios que ellos admiran es aquel gobernador, que solo en una elección ganó el voto de la gente, de los que se creen decentes, y no de la población.
Mejor termino esta historia de los astros y el señor que desde la tierra miraba como pasa la estación.
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