Como todos los humanos, yo vivo muy influenciado por lo que otros puedan decir, y eso limita mis actos, limita mi pensamiento, ¿qué pensará esta persona, que pensará mi mujer, o qué pensarán sus hijas, que pensará mi familia, creerán que es maravilla lo que yo creo escribir? Pero es que de ellos ninguno, ni por sutil cortesía, les gusta la filosofía, menos la literatura, como a mi puede agradar. Entonces que podré esperar de todas esas personas, que son ellas buenas todas, pero sin preparación, para emitir la opinión que yo deseo escuchar. No es muy fácil encontrar la crítica conveniente que estimulará mi mente y mejoraré mi prosa, mis versos y todas las cosas que suponen mi trabajo, que en realidad no lo es tal, porque no es algo obligado, más bien disfruto lo que hago.
Un señor tan limitado, por presentes y pasados no tiene la libertad, que exige para un profeta que desea ser un poeta, a decir abiertamente lo que cree y lo que piensa de la vida y del placer.
Pero dice mi conciencia: ¿Tú no sabes lo que pasa, no ves lo que está pasando? Todas las personas están sumidas al mismo llanto, que es lo que está de moda, aunque una moda un tanto rara, que solo hablen de pandemia, de muerte y enfermedad. A lo mejor la verdad es lo que tú estás pensando, pero nadie va a venir a creer a una persona, que no ha podido mostrar lo que ha ganado en la vida. Vivimos una verdad o vivimos la mentira, lo que los medios nos dan. Quizás sea lo mejor sumergirse en la locura, seguir la literatura, la música, la pintura; has pasado tanto tiempo viviendo la misma cosa, que ya fastidio provoca repetirlas otra vez.
Tiene razón mi conciencia, a lo mejor mi locura me quiere jugar la broma, que parezca una persona con distinto parecer, pero mi vida ha cambiado, para bien y para mal. Ahora no tengo la influencia que antes solía tener, ahora son otras circunstancias que condicionan mi vida, la verdad y la mentira parecen entre mezcladas, a lo mejor siempre ha sido así, y yo no lo había notado, ahora han pasado los años y me encuentro en este hoy, donde lo que más importa es la fe que tenga el ser, de que puede suceder lo que pueda estar pensando, el cerebro es un encanto que debemos conocer. Pero como siempre anda con nosotros, no nos importa un comino lo que haga o deje de hacer. Sin embargo, cuando alguna persona observa bien lo que hace, descubre cosas que antes no pensaba que pasaban, es como tomar conciencia de la inconciencia. Es como aprender cómo se aprende.