Tuesday, April 21, 2020

Pakuneando en Cuarentena


He llegado a un mundo que está dominado por la lógica y el tiempo. Descubrimientos científicos han descubierto que tanto la lógica como el tiempo son tareas del hemisferio izquierdo del cerebro, sin embargo, aunque existe un gran número de personas que dominan esta parte del cerebro de una forma natural, también los hay que su mayor dominio es el de la parte derecha, donde la lógica no es lo preponderante.  Más aún se han llegado a descubrimientos en que no solo esas dos zonas cerebrales son las importantes en el manejo humano de estímulos y respuestas, sino que existe otra zona cerebral, que al igual que las otras son usadas por el humano para respuestas a sus estímulos. Por lo tanto existen una multitud de elementos que influyen de forma decisiva en el comportamiento humano, pero lo que tiene preponderancia es la forma lógica de pensar, por lo tanto es quién comanda las acciones en este extraño mundo en que vivimos.
Esta forma de pensar u ordenar los pensamientos, nos hace ser muy predecibles y es por eso que pudiera decir que somos profundamente manipulables. De la misma forma en que Iván Pávlov, el científico ruso que descubrió el reflejo condicional haciendo pruebas con perros, por este descubrimiento se llegó a la conclusión que nosotros los humanos al igual que los perros de Iván Pávlov somos igualmente condicionados si se nos generan estímulos que nos conduzcan a eso.
Lo peor de todo es que aunque pudiera estar consciente de este hecho, continúo dejándome estimular por estímulos creados para tal fin. Creo que lo que sucede es que mi cerebro establece patrones de conducta a los cuales yo obedezco. En algún momento mi cerebro me indica que estoy sumido en una rutina, que por el mismo hecho de serlo ya no genera la respuesta placentera que al principio. Porque esas nuevas actividades generan en nosotros un comportamiento un tanto sorpresivo que la novedad tiende a dar a todos esas nuevas actividades, pero que con el tiempo se pueden convertir en rutinarias y aburridas. Para evitar ese aburrimiento se estableció el premio por la labor cumplida, este premio degeneró en una cadena de acontecimientos que generan al final el estímulo deseado. El Sistema capitalista funciona en ese sentido, lo primero que hace es generar en el individuo la necesidad de algo, y esto lo logra reprimiendo de alguna manera el libre comportamiento del humano y creando una cadena de compensaciones que hacen que esa persona, influenciada por lógica tenga un comportamiento de acuerdo al que se desea. Por ejemplo, establezco una propaganda mediante la cual usar determinada marca de automóvil, genera mayor confort en la persona que lo posee. Pero para adquirir ese automóvil es necesario desembolsar una fuerte cantidad de dinero. Yo veo siempre esa propaganda por la televisión y la escucho por la radio y por el internet, tengo todos los accesos de información bloqueados por esta propaganda, mi cerebro como el de muchas otras personas, está sometido a esto que ha comenzado a considerar como una necesidad. Mi ser se debate en la imperiosa necesidad de poseer ese automóvil. La forma natural y legal para obtener el dinero para comprar aquello, es mediante el trabajo, estoy como dicen los comunistas, alienado, es decir sometido a una necesidad de algo que realmente no necesito para vivir. Entonces para obtener el dinero debo, trabajar, robar, comercializar, es decir: comprar y vender algo, claro especulando con la venta de aquello, estudiar para tener mejor opción en el mercado de trabajo. Todo ello para comprar el carro que me han dibujado como el auto mis sueños, pero que en realidad ha sido un sueño creado por la publicidad a la que estoy sometido.
Pero la cosa no queda allí, al estar todos sometidos a los mismos estímulos publicitarios, porque todos tenemos un aparato de televisión, o tenemos acceso a internet o tenemos un teléfono celular, bastante vulnerado en estos días por la publicidad, entonces estamos inmersos en una aldea global influenciada por los mismos patrones publicitarios. Esto genera en la población una competencia por la posesión de aquello que la publicidad anuncia como maravilloso, además está el mundo del celuloide donde las grades estrellas del cine alientan también al uso de cualquiera de estos objetos propuestos como necesarios por la publicidad. Todo esto generará en nosotros una actitud de complacencia y una especie de complejo de superioridad o inferioridad bien sea el caso de tener o carecer del objeto de nuestros sueños, lo que nos somete al asunto de las apariencias. Mediante las cuales, tenemos la sensación de estar bien o mal de acuerdo  a como nos vean otras personas. Por lo tanto dejamos de tener una opinión propia, si no que ella será la que establezca el entorno. Y bajo esos parámetros tenderemos a tener un comportamiento influenciado por la opinión ajena y no fundado en nuestras propias percepciones.
La imagen que nos devuelve el espejo no significa nada para nosotros, es la opinión que otros tengan de nosotros lo que realmente tiene valor. Porque vivimos en una aldea global donde la opinión de todos tiene un valor relativo, que en ocasiones se transforma en absoluto. Porque, por ejemplo, si yo sometiera todo este artículo a una valoración pública, no creo que sería valorado particularmente asertivo, ya que en principio cuestiona ciertos elementos del sistema de mercado, y segundo, al estar todos inmersos en conductas similares, generaría un sentimiento de pérdida del tiempo vivencial. Además de que nos parecería tarde para hacer un cambio drástico en nuestro comportamiento, por lo que lo mejor y más sano es dejar de lado todo esto y seguir adelante con la vida. Aunque siempre habrá la suspicacia que genera cualquier conocimiento de pensar si es cierto o falso algo. Otra cuestión es el hecho de reconocer que hemos estado educando a nuestros hijos con estos mismos patrones de conducta, y ellos son también víctimas de las manipulaciones del mercado.
El mercado nos vende todos nuestros modelos de consumo, y estamos atrapados allí sin escapatoria. ¿Hasta cuándo? Hasta tanto llegue una época en nuestra vida que logremos la conciencia de haber sido elementos manipulados, y tener la certeza que todo o casi todo lo que hemos querido ser, no son sino sueños que el mercado creo para nosotros, que la verdadera forma de escapar de todo ese pan demonio es con la muerte.
Pero el mercado no desea que escapemos de él, por lo que nos propone la muerte como una pérdida más que como una ganancia. Todo lo que soy y todo lo que pretendo ser es solo para aparecer ante otras personas como alguien valioso, porque mi ego es una fundación del propio mercado. El mercado es el Dios de la tierra creado por los humanos. Todos vivimos a merced de él, y la gran mayoría muere sin imaginar siquiera que fue un simple objeto manipulado por las cuerdas invisibles del mercado.
Que somos nosotros, solo pensamientos recurrentes que acuden a nuestra mente como ideas de ensoñaciones fatuas, que nos hacen pensar en paraísos perdidos, o en situaciones ideales. Sin embargo, la situación perfecta es aquella en que nuestros sentidos están en un reposo total, donde la fuerzas del pensamiento no sean obligadas a crear situaciones de ensueño. Visto desde el punto de vista de la anulación de la totalidad del pensamiento como situación ideal, la muerte física sería la consecución de ese momento ideal.  
    
  

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