Tal ves sea interesante que tomemos como objeto de nuestra curiosidad una mañana y percibamos la diferencia entre las dos maneras de movernos en el mundo: la espontánea y la sistemática. Amanecemos. Despertamos. Nos cepillamos los dientes. Tomamos el primer baño del día al que sigue el desayuno. Conversamos con nuestro cónyuge. Nos informamos de las primeras noticias. Salimos de casa. Caminamos por la calle. Nos cruzamos con personas que van y que vienen. Nos detenemos en el semáforo. Esperamos la luz verde cuyo significado aprendimos en nuestra infancia y en ningún momento nos preguntamos o indagamos sobre ninguna de estas cosas que hicimos.Los dientes que cepillamos, el café que tomamos ( a no ser que reclames por algo que salio de la rutina), el color rojo del semáforo por causa del cual paramos sin tampoco preguntarnos. En otras palabras: inmersos en lo cotidiano marchamos en él, en sus calles, en sus calzadas. Sin mayores necesidades de indagar sobre nada. En lo cotidiano, nuestra mente no opera en forma epistemológica.
Si continuamos un poco mas en el análisis de lo cotidiano de esta mañana que estábamos analizando, o en la cual nos estamos analizando, observaremos que para que tomásemos una mañana cualquiera como objeto de nuestra curiosidad fue necesario que lo hiciésemos fuera de la experiencia de lo cotidiano. Fue preciso que emergiésemos para entonces tomar distancia de ella o de la manera en que nos movemos en el mundo en nuestras mañanas. También es interesante observar que es en la operación de tomar distancia del objeto cuando nos aproximamos a él. La "toma de distancia" del objeto es la aproximación epistemológica que hacemos a él. Solo así podemos admirar el objeto, que en nuestro caso es la mañana, en cuyo tiempo analizamos el modo en que nos movemos en el mundo.
En los dos casos referidos aquí me parece facil percibir la diferencia sustantiva de la posición que ocupamos, como cuerpos conscientes, al movernos en el mundo. En el primer caso, aquel en que me veo de acuerdo al relato que yo mismo hago sobre como me muevo en la mañana, y en el segundo, en el que me percibo como sujeto que describe su propio moverse. En el primer momento, el de la experiencia de lo cotidiano, mi cuerpo consciente se va exponiendo a los hechos sin que, interrogándose sobre ellos, alcancen su razón de ser. Repito que este saber-porque también existe-es el hecho de pura experiencia. En el segundo momento, en el que nuestra mente opera de forma epistemológica, el rigor metodológico con que nos aproximamos al objeto, habiendo tomado distancia de él, vale decir, habiéndolo objetivado, nos ofrece otro tipo de saber, cuya exactitud proporciona al investigador o al sujeto cognoscente un margen de seguridad que no existe en el primer tipo de saber, el del sentido común.
Esto no significa de ninguna manera que debamos menospreciar este saber ingenuo cuya superación necesaria pasa por el respeto hacia él.
En el fondo, la discusión sobre estos dos saberes implica el debate entre la teoría y la práctica, que solo pueden ser comprendidas si son percibidas y captadas en sus relaciones contradictorias, nunca aisladas cada una en sí misma. Ni solo teoría, ni solo práctica. Es por eso que están equivocadas las posiciones de naturaleza político-ideológica. sectarias, que en vez de entenderlas en su relación contradictoria hacen exclusiva alguna de ellas. El basismo, negando la validez de la teoría; el elitismo teoricista, negando la validez de la práctica. El rigor con el que me aproximo a los objetos me prohíbe inclinarme hacia cualquiera de estas posiciones: ni basismo ni elitismo, sino práctica y teoría iluminándose mutuamente.
Pensemos ahora un poco en el acto de crecer, Tomemos el crecer como objeto de nuestra inquietud, de nuestra curiosidad epistemológica. Mas que sentir o ser tocados por la experiencia personal y social de crecer, busquemos la inteligencia radical del concepto, sus ingredientes. Emerjamos de lo cotidiano en que nos cruzamos con y vivimos la experiencia de crecer, tal como esperamos la luz verde para cruzar la calle, vale decir, sin preguntarnos nada. Emerjamos de lo cotidiano y con la mente curiosa indaguemos sobre el crecer.